5 dic 2015

6D. ESCENARIO Y PERSPECTIVA

.- Resultados y cuadro convencionalmente en línea.
Según el procesamiento convencional, de mediciones de opinión y la numerología, electorales; los escenarios que se manejan varían solo en algún aspecto concreto; solo cuantitativamente. El cuadro determinante, socioeconómico y sociopolítico de lo que será el 6D es bien concreto y claro; está alineado. Convencionalmente, no hay incógnitas. Una crisis nacional, total, sin precedentes; el país paralizado y caotizado ante lo que el gobierno madurista, por lo que sea, no responde sino con retóricas. Una corrupción que burbujea por todas partes, y el chavismo implosionado en grupúsculos,  en  lucha de todos contra todos. Un rechazo nacional, al chavismno en general y en concreto a Maduro de un 80%. En un contexto internacional, continental y mundial, ni siquiera de aislamiento y neutralidad; sino que presiona y  escruta abiertamente. En el que hoy, el ALBA muerta; el madurismo y los chavismos que se mantienen en el Poder, no cuentan ni siquiera con la neutralidad de la UNASUR, del 2013 y 2014; en cuya correlación interna hoy domina sin contemplaciones, la presión y el reclamo subcontinentales  de transparencia electoral. Y, además, con unas oposiciones que, aunque incapaces de ir más allá; capitalizan, inercial-electoralmente, la desmovilización y diáspora finales del chavismo en su fase terminal del postchavismo. Pero solo eso, y nada más allá.
De acuerdo a tal cuadro, considerando solo  las determinaciones convencionales referidas; lo que será el 6D y los resultados que se cantarán están, o, estarían, definidos. Contra el chavismo resultarían votando entre 55 y 60% y por el chavismo alrededor de un 35%. Con todo y el “guerrymandering”, para una correlación parlamentaria de unos 85 a 90 diputados de oposición; y unos 70 a 75 oficialistas. En tal caso no más de 5 disidentes o independientes. Todas las encuestas, incluidas las más indisimuladamente chavistas, registran, a dos semanas de votar, dan a la oposición una ventaja de 15%, la que menos. Hinterlaces da 20%. Todas dan al chavismo como perdiendo la mayoría de la AN; y lo único en que no se precisa, es en por cuantos puntos.
.- Ya hoy, nadie seria y honestamente niega el fraude.
A estas alturas, nadie seria y honestamente niega que en el CNE hay capacidad para hacer fraude; sin La precisión de cuánto es posible; ni, con completa identificación de sus algoritmos. Una percepción  consistente  con todas las evidencias y secuencias indiciáticas habidas, incluso desde el 2004; ante las que se insistía en que “no había pruebas”. Hoy, finalmente, nadie lo niega. La última duda seria y honesta que podía quedar; la borró el espectáculo de  desesperación y manipulación grotesca; con que los chavismos asumiendo los más altos costos políticos, bloquearon toda posibilidad de que hubiera el mínimo atisbo consistente y seguimiento del proceso y el sistema; por una misión de observadores política y técnicamente, confiable y neutra. Ni siquiera la de UNASUR, que, según, habían, pedido; fue aceptada, cuando concretamente Brasil y Uruguay designaron sus candidatos a encabezarla. Y se bloqueó la maniobra de Samper y Patiño de armar una misión a la medida del resteo chavista de no abrir para nada la caja negra que es el sistema CNE-SMARTMATIC.
     
.- El dilema de los chavismos con el fraude.
Hay la capacidad para el fraude sistémico;  según algún criterio, sin límites. Y hay, como siempre, la disposición a volverlo a hacer. Además, hoy es, hasta de vida o muerte. Es el único recurso del que disponen los chavismos que controlan el CNE, el madurismo y el 4-febrerismo;  para que haya resultados, en alguna forma equiparables; o que políticamente pueda verse como un empate técnico-político con las oposiciones. Sin fraude, de acuerdo a las tendencias y correlaciones previsibles para el 6D; el chavismo pudiera no llegar ni a 70 diputados. O sea, que se produciría una inversión de  la correlación que hoy hay en la AN. Con todo lo que eso significaría; no solo para los chavismos; sino que también para las oposiciones. Y no solo en perspectiva sino en retrospectiva.  
Y en este punto es que se plantea el dilema para los chavismos; que no se le planteó ni en el 2010; ni tampoco en el 2013 y 2014; cuando ni hubo ni tenía que preverse problemas en el contexto internacional, sobre todo subcontinental, pero que hoy, es determinante. El dilema es que, sin fraude, se reducirán  a una simple minoría en la AN. Pero que hoy, de entrada, no hay las condiciones políticas mínimas  para implementarlo; para que pase, ni el mínimo que  requeriría una totalización que  posibilitara al CNE hacerlos aparecer, siquiera  en un cierto equiparamiento con las oposiciones.
.-  El fraude y su negociación; las dos variables determinantes para el 6D
Sin embargo en los últimos procesamientos o evaluaciones internas de los chavismos, forzados por las circunstancias; se ha venido  imponiendo una visión más pragmática y realista de la situación y las perspectivas inmediatas. Primero, a partir, con todo lo que implica, y lo obvio que es aunque no se había  asumido así; de que sin Chávez, no se puede manejar el tema como él lo manejó en el 2010;  segundo, que tampoco la AN puede pretenderse que sea lo que fue para él; y, tercero, que más importante que jugarse el todo por el todo, el 6D, hasta ponerse en riesgo de  ilegitimación internacional y poner en evidencia al CNE; es, primero, sobrevivir políticamente saliéndose del brete en que se han mentido desde el 2013. Sobrevivir  y  preparase, ponerse a tono con la secuencia de eventos que ya vienen; de revocatorios, gobernaciones, y alcaldías.  Eventos que presentándose en contextos y dinámicas completamente diferentes a las de hasta ahora, desde el 2000 y el 2004; y el 2013; tendrán que ser enfrentadas de otra manera y sobre otras bases; y, en tal caso, con otras  retóricas. Y, seguro, cada quién por su lado y con lo que tenga.
Tal realismo y pragmatismo chavistas,  les abre otras perspectivas u opciones; más allá del dilema de reducirse a ser minoría si, por lo que sea,  no se hace el fraude necesario; o, mantener la mayoría en la AN, haciéndolo, a los altísimos costos y riesgos seguros  que conlleva.   
Pragmatismo es pragmatismo, sea cual sea la razón y la justificación que sea; y siempre se practica en función de  alguna retribución o sobre algún espejeo. Y el del chavismo se espejea con el de, de algunas oposiciones de la MUD; y de algunas disidencias. Ambos, o todos, se espejean y  copian. Copias  y espejeos de los que resulta la salida al dilema del chavismo; a cambio de  beneficios compartidos obviamente. Al fin y al cabo, lo primero que interesa, es tener, cada quién, la mayor cantidad de diputados. La retórica de “ganar”, aparte de hueca, mediática, y manipulada; es relativa. La perspectiva concreta, real, es que cada quien gane y pierda; que es una variante del pragmático “ganar-ganar”. Que, según, resulta “bueno para todo el mundo”; y, según, hasta “bueno para el país”. Y una salida a la crisis, básicamente interna de los chavismos, que ha amenazado la transición hacia la nueva AN.
Y en este punto se ubican las variables que determinan que lo que suceda finalmente el 6D no corresponda a los procesamientos y sus proyecciones de encuestas y estadísticas.  Que sus predicciones fallen. Pues, sobre la complementación de los pragmatismos, sí se está montando el fraude, la primera variable no contemplada por los encuestólogos y numerólogos; lo están montando, obviamente los chavismos que manejan el CNE; y son quienes pueden hacerlo. Y una segunda variable; ese fraude está negociado; está convenido compartirlo con algunas oposiciones.
.- Después de la carta de Almagro, compartir el fraude para salvar al CNE.
Para comienzos de octubre, Maduro, el madurismo y los otros chavismos habrían asumido que no hubiera misión de UNASUR. Estaban inventando supuestos “acompañamientos”; sin mayores exigencias ni diligencia. Aparentemente, la burocracia chavista tenía luz verde; y en la coyuntura de las parlamentarias, como tantas otras veces;  iba a poderse manejar sin mayores dificultades. Por su parte en el ente sub-hemisférico, de hecho, práctica y casi oficialmente, se había cancelado el tema. Hasta que se produjo la carta de Almagro a Lucena; que, sin entrar en el tema, puso y tiene al CNE en el foco de la atención mundial y sobretodo latinoamericana. Sin relativismos ni distracciones  posibles de esa atención. Lo que suceda el 6D aquí; resultado de la gestión chavista de un CNE que no ha permitido, ni permite, la más mínima observación internacional, ni siquiera de entes que integra y de los que Venezuela fue fundadora; por muchas razones, es más importante políticamente y de más impacto que las mismas elecciones  argentinas recientes.
A partir de la carta de Almagro, el panorama y las perspectivas para los chavismos cambiaron radicalmente; viraron 180 grados. No solamente que ahora no se les podía  pasar la mano, volviendo a jugar con el guerrymandering como en el 2010 y el fraude complementario; y mantenerse como mayoría de la AN con menos votos que la oposición. Que era lo que tenían programado. Sino que lo que estaba, y está en riesgo es el mismo CNE; que quedara en evidencia, que internacionalmente no se le reconociera como árbitro; ni la legitimidad de sus actos. Con todo lo que ello implicaría en perspectiva y sobre todo en retrospectiva; concretamente en relación a la retórica de las diezyocho o diezynueve elecciones seguidas, según, ganadas por el chavismo. Fue a partir de esta nueva circunstancia que los chavismos, entre los muy pocos puntos en común que aún tienen hoy, está, como principal, salvar al CNE; concretamente, su imagen de árbitro confiable.
Descartada finalmente la opción de suspender la elecciones. Pero tener que salvar  emergentemente al CNE a como diera lugar, ha sido el determinante que  movió a los chavismos, a la negociación pragmática del fraude que está en marcha con algunas oposiciones y disidencias. Se trata de armar unos resultados, que aunque no sean completamente creíbles; sean dudosos y hasta cuestionables; sean aceptados por las oposiciones. Y por la opinión en general; nacional, sí; pero sobre todo, internacional. Unos resultados en los que nadie pierda totalmente ni nadie gane totalmente; producidos por un ente electoral que estaría demostrando imparcialidad; su condición de árbitro confiable.
.-  Según  el escenario armado para el 6D, nadie tendrá la mayoría en la AN.
Los escenarios difundidos por encuestadores, encuestólogos y numerólogos; ya lo señalé; salen de procesamientos cuantitativos, de medición de tendencias, etcétera; en los que no manejaron las variables, fraude y negociación del fraude; que son variables estrictamente “políticas”, digamos En consecuencia, el escenario que, según, habrá o se  concretará el 6D; no es el  previsible de ellos; porque no derivará de las tendencias medidas; sino que, sobre manejos político-partidistas será, armado independientemente de ellas     
En tal escenario, según, la oposición MUD, tendrá más votación que el chavismo; y también más diputados; pero no tendrá la mayoría simple de 84 diputados en la AN. El chavismo por su parte, tendrá menos votos que la oposición; y, ahora, tampoco tendrá la mayoría; digamos que “la perderá”, porque tendrá menos diputados aunque no en la proporción actual, inversa, en la que aquella es superada por él. En grueso, la oposición tendrá entre 8 y 12 diputados más que el chavismo, Y habría unos 10 o 12 independientes. Las incógnitas sobre las que no se manejan  criterios ni estimaciones  más precisas son, sobre cuanta será la diferencia final  de diputados entre oposición y oficialismo; y sobre cuantos diputados independientes  “saldrán”; y cuales.   
 .- Una nueva AN de la que tampoco hay mucho que esperar.
La AN próxima, será diferente. En contra de lo que pensaba y sostenía; que iba a ser una reproducción con ajustes cuantitativos menores, igual a la actual; o sea, con más diputados y menos votación chavistas; y menos diputados y más votación mudista. Y con la mayoría simple en manos del chavismo. Según el pronóstico mostrado; resultado de un manejo negociado; la correlación parlamentaria, en grueso, aunque alterada, reflejará más la general electoral. Más diputados, los más “caros”, correspondientes a la abrumadora mayoría electoral nacional antichavista; menos diputados, los más “baratos”, correspondientes a la muy inferior y trampeada votación chavista. Y unos diputados independientes correspondientes a la parte del electorado no polarizado; mucho mayor que el que se registra; y más “caros” que los chavistas; que, por lo que sea y a pesar de todo, sí logró postular, votar, hacerse contar y elegir. En definitiva, será un parlamento en que nadie dominará. Previsiblemente, igual de mediocre la parte chavista, e igual, quizás más, de burocratica-partidista, la mudista. Y, seguramente, más beligerante y activa, la de independientes. Nadie dominará; y ni siquiera se identificarán  bloques como los  actuales. El de las oposiciones porque unificarse no será necesario ni siquiera por actual sentido de la sobrevivencia. El de los chavismos; porque más pronto que tarde terminarán separándose y cogiendo cada quién su camino. Y el de los independientes, porque, siéndolo, lo seguirán siendo., 
Será un  cambio, sí; pero solo en el plano de lo político-institucional; de las burocracias partidistas; sin mayor alcance político concreto. Básicamente, porque, como he sostenido; la crisis nacional no se resuelve ni cambiando un gobierno por otro; ni con una nueva AN. Porque es estructural; causada por la estructura de Poder bicentenaria que tenemos.
Lo más importante inmediato; innegablemente importante y nuevo;  será que la nueva AN  no será manejada, como la actual, por el gobierno y el PSUV; de entrada, porque no tendrán la mayoría; pero además, y más determinante, como ya referí, porque su fragmentación interna ya activada abiertamente, le impedirá actuar como bloque. Por lo demás, en relación a lo sociopolítico concreto; a la calle y la gente, a su dinámica y beligerancia diarias ante a la crisis, seguirá igual; en nada será afectada por el cambio parlamentario. La nueva AN igual que la actual, previsiblemente y en principio, tendrá la misma relación con lo sociopolítico que la que tienen las burocracias oficialistas y oposicionistas de las que forman parte y a las que responden sus diputados. Ninguna; o casi. Ramos Allup en ese cinismo que lo caracteriza y simula de sinceridad malandra; a la pregunta final de una de sus últimas entrevistas, sobre cómo sería la relación de la dinámica parlamentaria con la calle; respondió: “¿para qué?, tenemos los votos”.
Quiere decir, nada nuevo; que no hay que esperar mucho de la nueva AN, aun  cuando, hasta estéticamente, por lo menos, puede resultar menos chocante y asqueante que el teatro de marionetas zombies en que el chavismo tiene convertida la actual. Pues en relación a la crisis y el caos nacionales actuales; incluso en el mismo plano político-institucional, seguirá significando poco o nada; mientras el epicentro de esa crisis, en su dimensión coyuntural; de la parálisis en que está el país; la intensa crisis interna de los chavismos siga activa y activándose. Mientras no tenga un desenlace la confrontación entre madurismo y 4-febrerismo; que, para algunos, no hay perspectiva de que lo haya sino con la próxima elección de los gobernadores; o con el revocatorio presidencial, Con el agravante de la repartidización, de lo político institucional, con  la regresión que implica; de partidización, polarización y mesianismo; que se promueve y activa desde los dos polos brurocráticos, mudista y psuvista; y desde  las disidencias mismas. Y las tendencias al bipartidismo y  ala mejicanización que siguen latenentes.
 .- Ahora, hacia el debate ciudadano.
Las burocracias partidistas de toda naturaleza, no dejarán de hacer para electoralizar y candidaturizar la vida y el quehacer diario de la gente. Es lo suyo. Aunque haber salido de la campaña a pesar de que realmente no la hubo tanto; de que la gente no se involucró y solo votó; abre o airea las posibilidades de que la gente se mueva hacia el debate ciudadano sobre el Poder; sobre la ciudadanización de sus relaciones con él; que es la verdadera ruta hacia crear la condiciones subjetivas para la salida de la crisis; la activación y  el ejercicio de la soberanía  ciudadana, del contrapoder ciudadano.

Caracas diciembre del 2015.                                                                                                                                                                 

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